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Bueno, ya te he contado aquí lo que es ser obesa súper-mórbida según la ciencia. Te cuento ahora sólo un poquito lo que es ser obesa súper-mórbida día a día (como Rambo ¡día a día! ¡jjjj!).

Pues como te puedes imaginar no es una respuesta cómoda. Llego con dificultad a cortarme las uñas de los pies notando las pulsaciones cuán látigos golpeando en mis oídos, me fatigo enormemente al subir unos peldaños y siento cada vez que subo uno, que me pesa ¡tanto! pero ¡tanto tanto el cuerpo! que muchas veces me dan ganas de rendirme y no volver a hacer nada ya, porque nada me funcionó y todo lo que hago es inútil. Afortunadamente de esos momentos tengo pocos y cada vez menos pero cuando atizan en mi ánimo, lo hacen de verdad, a lo grande. Imagínate, es como si tu ahora te colgaras de cada pierna unas cuantas garrafas de 5 litros de agua.

Realmente la mayor dificultad que tengo es a la hora de andar y sentir ese enorme peso, luego existe toda una serie de situaciones en las que no quepo ni de risa en los sitios: ni en las sillas de las terrazas de los bares, ni en el autobús, autocares, metro, tren, avión,…¡¡buff!! lo paso realmente mal, tanto que muchas veces voy de pie como en metro o en bus o ni me planteo subir. Mi obesidad está más concentrada a partir de mis caderas y eso hace que me adapte mal a muchísimos asientos. Algún día escribiré un libro…

sitio bus

Gran cantidad de veces en estos veintitantos años me he quedado alucinada mirando a muchas chicas y mujeres que me parecían preciosas, con un cuerpo graciosico (no perfecto), un pelo al viento maravilloso, sedoso, abundante y larguísimo hasta tal punto que me daba hasta vergüenza por lo que pudieran pensar de tanto mirarlas (mejor dicho admirarlas). Lo normal sería que me quedara mirando a chicos ¿no? pues no, no eran de mi interés. Me interesaba siempre muchísimo más atender cómo iba vestida alguna muchacha, para cuando adelgazara imitar su estilo o incluso me divertía ir apuntando este pantalón de esta clase y este color o ese top con esa chaqueta,…Conservo varios cuadernos de recortes de modelos de revistas de moda por catálogo, modelos con mis ropas favoritas, esas que todavía después de tantos años no he podido lograr comprarme ni ponerme.

largo camino

Cuando ésto ocurría (solía ser siempre cuando salíamos de fin de semana o de vacaciones de verano) después, en la soledad de mis pensamientos y sentimientos, dejaba volar mi imaginación (que abundante ha sido siempre para todo) e imaginaba que de repente estaba flotando en una maravillosa y suave brisa templada, con una música angelical de fondo (la que en cada momento ha conectado más conmigo); flotaba con mi cuerpo rollizo, ingrávido y desnudo completamente, vaya, como Dios me trajo al mundo. Y después de estar así unos minutos bailando al son de esa brisa y esa melodía, imaginaba que una cremallera nacía en mi cuello, se dividía en mi cintura y terminaba en cada uno de mis tobillos. Una cremallera que me recorría de arriba hacia abajo.

cremallera

Luego imaginaba que agarraba con decisión esa cremallera y poco a poco iba bajándola así muy despacito, deteniéndome y recreándome incluso en cada diente, a sabiendas que, en un ratito más iba a ocurrir algo asombroso y estupendo. Y así, os aseguro que me tiraba mucho tiempo (¡era como una auténtica meditación guiada! ¡me sentía muy feliz en mi mundo de fantasía!), siempre he sido muy soñadora.

La cremallera ya dividida iba bajando primero por una pierna (quería que se alargara el momento) y luego, así, deslizándose suavemente por la otra. Bien, llegó el momento más esperado: lo que ocurría cuando esas cremalleras estaban abiertas al completo es que ¡mis grasas no eran más que un grueso abrigo!, un traje molesto que me ahogaba, me enjaulaba y me pesaba mucho, un traje que muy al contrario de lo que puedas pensar nunca odié pero sí que me inspiraba mucha pena, sí, pena por la costumbre de tenerle como compañero infatigable. Y así envuelta en la suave brisa seguía flotando y flotando y delicadamente, poco a poco iba saliendo de ese abrigo, de ese disfraz, que dentro escondía mi verdadera yo física.

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Te podrás imaginar quien salía, salía un cuerpo ligero, maravillosamente ligero sin peso de ningún tipo, sin dolor de ningún tipo por sobrecarga. Especialmente no era un cuerpo de súper modelo, no era un cuerpo perfecto, era un cuerpo estilizado y proporcionado sin ninguno de los signos incómodos de la obesidad (sin dolorosa piel de naranja, sin dolorosas varicillas, sin dolor de rodillas…) ¡eso sí! un cuerpo que aparecía en bikini de color blanco ¡jeje!, igual que un bikini precioso que vi una vez puesto en mi modelo favorita desde que comenzó y la conocí: Claudia Schiffer.  La alegría que yo en esos momentos sentía era enorme, era ilusoria, pero a mi me bastaba.

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Pues con mi bikini blanco enfundado y mi pesado trajecito desenfundado (que veía alejarse flotando) seguía flotando hasta que aterrizaba frente a un gran espejo y miraba y admiraba una y otra vez el cuerpo que acababa de conseguir. Cuando yo despertaba de este sueño, me sentía fenomenal y muy tranquila y animada para volver a hacer dieta (¡¡aaaagggg!!). Pienso muchas veces que tengo mucho tesón, porque nunca he desfallecido siempre a dieta para conseguir el objetivo de mi sueño. Poblema: detrás de cada dieta con tesón, venía la desdieta y siempre llegaba, antes o después.

Me dan unas ganas enormes de crear un club que se llamaría:

“El club de los 5 Nuncas de Steve Jobs”

Nunca darse por vencido.
Nunca aparentar.
Nunca mantenerse inmóvil.
Nunca aferrarse al pasado.
Nunca dejar de soñar.

¿Te apuntarías? ¡Yo sí! qué sabiduría la de este hombre, todo un ejemplo de superación personal. Ésto ¡anima a cualquiera!

He hecho siempre las mismas cosas y los resultados han sido siempre los mismos: ser un yoyó. Ahora estoy haciendo cosas distintas y por eso creo que esta vez obtendré resultados distintos es decir, llegar a un peso de no riesgo sin pasar ni una pizca de ganas de comer. ¡Ojalá que así sea! y una de las tantas cosas que estoy haciendo distintas es compartirlas contigo en mi blog. Esta vez todo es diferente y sobre todo…¡más feliz!.

Vicky