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Cuando te pones malucho, algunas veces seguro que has sentido  cómo te entra un frío ¡enoooorme! en el que todo tu cuerpo se llena de escalofríos, se pone a tiritar, te castañetean los dientes y te encantaría, sea verano o invierno, meterte debajo de dos o tres mantas. O por el contrario, que de pronto empieces a tener un calor algo exagerado y empieces a sudar a chorro vivo. Sí, sé que lo sabes….¡exactamente! tienes fiebre.

Además estás completamente hecho polvo te encuentras mareado, cansadísimo, te duele todo y también ¡tienes un sueñooo! ¡Vamos! que estarías todo el rato tumbadito en tu cama o en el sofá ¿a qué si?

¿Qué es la fiebre? ¿Por qué mamá, papá o los abuelos están tan pendientes de nosotros cuando la tenemos? ¿Es fácil bajar la fiebre? ¿Cuándo se esfuma la fiebre? Espera, sigue, sigue leyendo que en un pis pas lo sabrás.

Todo comienza en el hipotálamo, tiene un nombre un poco raro ¿verdad?, pues es un parte muy importante del cerebro, tiene el tamaño de una haba. El hipotálamo controla funciones metabólicas de nuestro cuerpo y otras actividades del sistema nervioso. El cerebro es como el cuartel general de donde salen todas las órdenes que controlan el funcionamiento de nuestro cuerpo para que todo siga trabajando a la perfección, pues bien, el hipotálamo es una oficina dentro de ese cuartel general.

Te voy a poner varios ejemplos de lo que hace el hipotálamo: controla cuándo tienes hambre y sed, controla el ciclo de las horas que duermes y que estás despierto, controla la temperatura corporal,…

¿Cómo que controla la temperatura de mi cuerpo? podrías preguntarte… Pues para que te hagas una idea, podríamos comparar el hipotálamo con un un termostato. Ya sabes, ese aparatito que seguro tienes colgado en la pared de tu casa y que está conectado directamente con la caldera, es el que activa o desactiva la calefacción según se haya llegado o no a la temperatura que papá o mamá hayan programado.

 

termostato

Es invierno llegas del cole y mamá va al sitio de la casa donde se encuentra el termostato y le programa a 22ºC (grados centígrados), porque hace frío y os tenéis que duchar y quiere que antes esté la casa calentita, el aparato marca ahora 16 ºC. Lo que ocurre es que la calefacción se conecta automáticamente gracias a la orden del termostato y hasta que la casa no llegue a 22ºC y el termostato lo detecte, la caldera o la calefacción, no se desconectarán.

En nuestro cuerpo funciona muy parecido, hazte la idea que el hipotálamo es tu termostato corporal. Es ese aparatito colgado en tu “pared” justo en medio de tu cerebro y que sube o baja la temperatura de tu cuerpo con determinadas órdenes.

Tu temperatura corporal está “programada” aproximadamente décima arriba décima abajo en 36,5ºC esa es nuestra temperatura normal y el hipotálamo, como jefe vigilante que es, se encargará de dar las órdenes precisas para que todo el organismo esté a esa temperatura.

Cuando por ejemplo te pones enfermo porque entran bichitos (bacterias, virus,…) en tu cuerpo y tienes una infección, éste se encarga de responder mandando informes exactos al hipotálamo para que eleve la temperatura e intente cargárselos a todos. Y ¿cómo envía nuestro sabio cuerpecillo esos informes al hipotálamo? hace que los leucocitos o glóbulos blancos (recordad que de ellos hablábamos aquí) son células de nuestro sistema de defensas, y ante la infección segregan unas sustancias químicas como si fueran “lanzallamas” que se llaman pirógenos endógenos (pyro=fuego; geno=formación; endo= dentro =fuego creado en nuestro cuerpo”). Los hay también exógenos (osea, fuera de nuestro cuerpo (toxinas, medicamentos,…).

Entonces, el hipotálamo recibe la orden del cuerpo de ¡alerta alerta nos están invadiendo! ¡hay que subir la temperatura! ¡rápido rápido! e inmediatamente éste envía un ejército de señales que provocan que tu cuerpo comience a temblar, a tiritar y de esta manera, con el movimiento de los músculos de todo tu cuerpo y con los lanzallamas, la temperatura comienza a subir.

cerebro

¿Qué haces cuando en tu deporte favorito dicen “¡vamos a calentar!” justo antes de empezar? ¿acaso te tumbas a la bartola? ¡Nooo! Te pones a mover tus músculos, a estirarlos para que se vayan adaptando al movimiento y no se lesionen. Todo trabajo muscular, aumenta la temperatura, si llevarás sentado dos horas y de pronto participaras en un maratón sin calentar tus músculos muy probablemente te harías daño (vaya, te lesionarías).

Pues al comenzar a temblar, toda esa energía utilizada por los músculos en temblar se convierte en calorcillo, tu cuerpo empieza a generar calor hasta llegar a la nueva temperatura que el hipotálamo (acuérdate nuestro termostatillo) ha programado, por ejemplo 38,5ºC, osea que el cuerpo tiene que subir la temperatura en 2ºC. Y eso no es todo, encima tú estás ahí, en tu sofá, con el temblequeo y el castañeteo de dientes, te encuentras realmente súper molesto y el encontrarte así hace que busques otra/s fuente/s de calor (mantas, sopita caliente,…) con lo cual pronto se alcanzan esos 38,5ºC.

En cuanto alcanzas esa nueva temperatura programada por el hipotálamo dejas de tiritar y tener frío