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” Lo que la humildad no puede exigir de mí es mi sumisión a la arrogancia y a la rudeza de quien me falta al respeto. Lo que la humildad exige de mí cuando no puede reaccionar como debería a la afrenta, es enfrentarla con dignidad.”

                                                                                                                                                                    Paulo Freire

Hace unas semanas en la playa, mientras dábamos un paseo, mi hijo me preguntó algo que me dejó bastante impactada me dijo mamá….¿por qué mucha gente se te queda mirando, haciendo muecas, riéndose y diciendo cosas sobre ti que podemos oír? de hecho el título de este artículo es uno de tantos improperios recibidos. Pues bien, al principio me quedé muda, no supe qué contestarle…. sólo silencio. Lo que supe es que de pronto me inundó una gran y profunda tristeza y, sin quererlo, los ojos se llenaron de lágrimas que querían salir a lo loco mientras yo disimulaba para que mi hijo no viera mi reacción inmediata que a duras penas podía controlar. No era suficiente con que yo lo sufriera, también mis hijos…

Miraba para otro lado, movía mi cabeza hacia un lado y otro luchando con la lágrima del ojo correspondiente para que se volviera a meter, movía mis narices, mi boca y tímidamente me llevaba un dedo a la glándula lacrimal de un ojo para indicarle: ¡PARA LEÑE! (no tenía pañuelo pero aunque lo tuviera, hubiera hecho lo mismo, porque si lo agarro no paro de llorar y, ¡quería disimulaaaar!). En fin, no sabría decirte a qué o a quién me parecía en ese momento con tanta mueca.

lloroncete

Es que no se me ocurre razón alguna por la que muchísima gente hace eso. Si, vale que yo impacto a la vista pero….¿no podrían controlar más sus reacciones? Mejor dicho, si se me ocurren un par de razones, creo que todo ésto pudiera ser debido a:

a) Educación, creo que a nadie con una mínima educación se le ocurriría reírse de las consecuencias de una enfermedad, del aspecto físico de otra persona, etc. Lo que quiero decir es que te puedes sentir atraído por mirar algo que impacta la vista y puedes mirar, por supuesto que sí…. sin herir, siempre desde el respeto que todos merecemos y sin que se note en absoluto, desde la discrección total sin hacer aspavientos ni muecas ni nada parecido.

b) Baja autoestima, de cada persona que lo hace;  se fijan en una persona diana de su juicio, bien por ser fea o extremadamente delgada o extremadamente gorda, … y se consuelan pensando: “yo estoy o soy mejor que esa” mecanismo de proyección puro y duro. La proyección en psicología es “ el proceso de atribuir a otras personas (o cosas) lo que pertenece a uno mismo, pueden ser sentimientos, valores, necesidades,…”  es la regla del espejo es lo que los demás nos están reflejando. Tanto si es positivo o negativo lo tenemos en nuestro interior. Si por ejemplo admiramos a otra persona por su dulzura, bondad y simpatía ¡alégrate! esa persona está reflejando unas maravillosas cualidades que tu posees. Si por el contrario, esa persona te rechina y te resulta incómoda o despreciable por tener cualidades que no te gustan nada puede ser por dos motivos, bien porque refleje cosas de tí que no te gustan y que te has criticado a ti mismo miles de veces o bien por ser justo el polo contrario. Por ejemplo, no te gusta nada de una amiga lo muy desordenada que es: puede que sea porque tu también en algún área de tu vida lo seas o bien porque tu eres súper metódica y quizá sea hora de que eso vaya cambiando porque de algún modo tanto orden o estricto perfeccionismo no te hace sentir bien.

Por tanto es una extraordinaria manera de aprender sobre nosotros mismos y de fomentar nuestro crecimiento personal constructivamente: observa a la gente que te rodea: familiares, amigos, compañeros de trabajo, compañeros de gimnasio, etc y aquél al que no aguantes o no te caiga bien ese, será tu maestro en ese momento. Cuando comienzas a trabajar contigo de esta manera, cada cosa que resuelvas hará que esa persona deje de ser un “pellizquito” en tu vida.

Nadie dice que sea fácil aunque tampoco es tan difícil. Voy lenta pero segura hacia adelante aunque a veces con tantos espinos en el camino piense que no avanzo e incluso que doy pasos hacia atrás, que retrocedo, hasta que un maravilloso día miro atrás y veo el camino recorrido y lo que he aprendido. Por eso le doy la vuelta a la tortilla y prefiero verlo desde este punto de vista motivador que aprendí cuando realicé el curso de Coaching: “el fracaso no existe, sólo existe el aprendizaje” y ya todo se transforma de tal manera que si haces de ello una máxima en tu vida, ésta se convierte en un precioso reto de crecimiento personal y espiritual.

No me siento una víctima, eso es algo que quiero que vaya por delante. En absoluto me siento una víctima ahora, en un pasado lejano si me sentía víctima sin ser consciente de ello. En el momento que tomé conciencia, inmediatamente dejé de sentirme de tal manera. Estaba ¡tan harta de sentirme así! que cuando me dí cuenta de que estaba utilizando ese papel para mi propio beneficio emocional, de inmediato me enfadé conmigo misma, me dije un ¡ya te vale tía! y comencé a trabajar en ello, comencé a analizar en profundidad algo que hasta entonces me había pasado desapercibido.

Descubrí que iba buscando siempre el que la gente me compadeciera, estoy siendo muy sincera, creo que nunca, en este sentido he sido tanto. ¿Para qué buscaba la compasión de los demás? te preguntarás. Pues no se para otras personas obesas, para mi estaba muy claro: mecanismo de escudo, autodefensa pura y dura. Si iba contando penas sobre la desgracia de ser gorda, por lo menos los que lo escucharan en ese momento no iban a pensar nada “malo” sobre mi, al contrario, me aseguraba que esas personas iban a ser indulgentes conmigo y me iban a procesar toda una serie de palabras consoladoras. Triste, pero tan real como la vida misma.

¿Quieres saber algo más sobre otro mecanismo de defensa que utilicé también durante mucho tiempo? ¿en serio? ¡vale! pues ahí va: Reirme de mí misma. Sí, te lo repito de nuevo, reirme de mí misma de mal rollo y te lo explico muy rápido ¡jeje!: ¡pero tú no cuentes ná que ya lo cuento yo! frase muy popular de mi querida ” vieja del visillo “.

Por ejemplo si alguna vez iba con un grupo de gente y entre ellos había personas que no conocía o conocía poco me sentía muy expuesta y entonces en la primera ocasión que venía a cuento me reía de mi misma con alguna cruel cutrefrase o me profería algún insulto, me reía o sonreía y acto seguido ya tenía a la gente impactada ( con sonrisilla tensa, apuro o sorpresa) con mi expresión de mal gusto hacia mí misma. ¿Qué conseguía con eso? pues de nuevo buscar el consuelo de la gente o el “qué exagerada eres” o “¡noooo mujeeeeer!”. Era como decirles: “vosotros que me acabáis de conocer pensáis o pensaréis: – ¡uy ésta!¡¡qué gorda es! y cosas así, pues mirad, yo se cómo estoy, ya me digo yo algo y así os doy pena y paro vuestros juicios sobre mi -. ¡Vamos! ¡como si yo pudiera controlar los pensamientos de la gente! ¡qué tontería! Triste también, lo se. Eso ya se acabó.

buda gordete

Te lo cuento todo no para tener ni tu compasión ni tu consuelo, ya no los necesito. Lo que quiero es mostrarte una realidad, la mía y seguro que la de muchas personas con el mismo problema. Y te lo cuento para que de una vez comencemos a analizar nuestros juicios sobre este tema y estas personas y poco a poco seamos más amables con nosotros mismos y con los demás. Tengo claro que con nuestro granito de arena, iremos creando bases sólidas y estables para construir una sociedad más amable, sin juicios, no sólo con los gordos sino también con cualquier persona que no sea considerada “normal” por la sociedad y aún más allá, entendiendo la libertad a la que tenemos derecho cada uno sin críticas de ningún tipo.

Se me ocurre una forma “fácil”: empezar con los niños. Y pongo fácil entre comillas porque, claro, no sólo vale con decirlo sino también hay que dar ejemplo en nuestro día a día delante de ellos.  Son los adultos del mañana.

Los niños son extraordinariamente maravillosos. Conmueve mi alma su preciosa inocencia. Mi experiencia con niños pequeños es alucinante ¿Sabes una cosa? quizá te resulte raro o chocante leerlo, jamás me he sentido más contenta y deseosa de responder una pregunta “comprometida y non grata” concreta que cuando un peque me la hace: ¿por qué tienes el culo tan grande? o ¿por qué estás tan gorda? después de haber sufrido mucho con el tema de los juicios adultos ajenos yo misma me sorprendía de que ésto no me molestara en absoluto, muy al contrario, me gustaba porque me daba la oportunidad de que los niños viesen mi obesidad como algo “normal”, quiero decir, como algo de lo que no hay que reírse ni aprovecharlo como insulto.

culogordo

Algo que me deja atónita después de mis respuestas son sus reacciones, nada de juicios, solamente una preciosa sonrisa y como si nada siguen a lo suyo, aceptación incondicional de cómo es cada cual. Eso es algo que admiro, me maravilla y me emociona. Los niños son amor puro ¡están tan cerca de la Divinidad, tan cerca del cielo!…son lindos angelitos.

Quizá las personas que me insultan de esa manera no son tan crueles conmigo como lo soy yo conmigo misma. Y hace bien poquito saqué una conclusión creo que muy importante: Hasta que no me acepte y me ame incondicionalmente pesando ciento y piquísimos kilos, no tendré la libertad que tanto ansío ¿Te acuerdas? la libertad después de abrirse la cremallera.